El cuarto de Jacob

—¡Ja-cob! ¡Ja-cob! —gritó Archer, andando perezosamente, después de un segundo.

La voz tenía una tristeza extraordinaria. Depurada de todo cuerpo, depurada de toda pasión, yéndose al mundo, solitaria, sin respuesta, quebrando contra las rocas; así sonaba.